sábado, 26 de octubre de 2013

Derrumbe.

Caigo junto con ocho pisos y otros cinco más que se desploman sobre mi, y en la oscuridad, el cielo sigue indiferente, viéndome caer con sus miles de ojos brillantes y me ve quebrar en trozos de espejo que emanan una sustancia negra, que huele a cañería, y las ratas que rodean excitadas por su olor. Forcé la cerradura para intentar salir, para intentar vivir, pero tras ella, te encontré a ti, tan diferente a lo que decías ser. Siendo tú, real, desnuda. Tal vez no debí tocar a la puerta, me dejé seducir por lo que decían las voces a mi alrededor, y me apresuré a llegar a su sonrisa, a sus ojos, a tocar sus suaves y delicadas manos.

Ahora que todo es polvo no queda más que aspirarlo por la nariz, y extasiarme con sus recuerdos o con lo que quise que fueran los momentos, momentos que venían y recorrían la mente con más fuerza luego de que veía como una rata se follaba a una mujer deseosa, enamorada, desesperada de soledad. Viajes realicé mientras no estabas aquí Cinturón de Orión, cuando no señalabas el norte me perdí entre la niebla densa, fría, húmeda; entré en la habitación de la lujuria, que me llenó hasta no poder más y eyaculé la misma sustancia negra, la misma miseria.
Me volví a derrumbar a la realidad.